Che, la Cenicienta, me contaron, como se había criado viviendo para los trastos no tuvo mejor idea que salir rajando a la primera invitación, porque entre ollas y sartenes soñaba con la salvación. Después, mucho después, como tan rubia no era, se dio cuenta de que el Príncipe tuvo que hacer un casting, como corresponde, ver a todas las damas y finalmente decidir. Era oooobvio que cualquiera querría casarse. Y eso, cuando tuvo tiempo de pensarlo, no le gustó ni medio, se sintió como fruta en góndola. Tarrrrde.
Se calzó el zapato porque el Príncipe era príncipe y ella tenía sus fantasías. (Parece ser que en realidad, el zapato no era de cristal sino de cuero, y por un mal traductor... en fin, quedó vistiendo un incómodo trozo de vidrio). Encima, era él un muchachote bien peinado y tan prolijo que jamás se ensuciaría ni pa cortarle una flor y hacerle el filo... menos. Por ser el príncipe, ¡para qué iba a conquistar nada!
Se calzó el zapato porque el Príncipe era príncipe y ella tenía sus fantasías. (Parece ser que en realidad, el zapato no era de cristal sino de cuero, y por un mal traductor... en fin, quedó vistiendo un incómodo trozo de vidrio). Encima, era él un muchachote bien peinado y tan prolijo que jamás se ensuciaría ni pa cortarle una flor y hacerle el filo... menos. Por ser el príncipe, ¡para qué iba a conquistar nada!
¡Y el día en el que se casaron...! La inocente se quiso cortar las trenzas cuando apareció el pasacalles: "Y fueron felices y comieron perdices"... ¡Cenicienta era vegetariana! Qué sabía ella que la felicidad era comer perdices.
Todo por una fantasía mal ubicada.
Me pregunto cuál hubiera sido la historia si Cenicienta le hubiera preguntado algo al Príncipe antes de huir tras las doce de la noche. Ambos daban por sentado que una chica rubia, pobre y desdichada se casaría con un bien peinado caballero, porque eso era amor, ¡el de los sueños...!
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