viernes, 25 de marzo de 2011

Sin migajas

Es una casa muy alta, un corazón huérfano, para gastar el sabor de la víspera.

Hoy tal vez lleguen los enemigos del azar a sentarse con su fuego al costado de los umbrales. Después traerán los nombres calzados de distancia. Errarán por las habitaciones, la diestra aturdida como una piedra. Envilecerán el pan.

Pero más allá del límite, el cuerpo, con todos sus ojos, recuerda el hueso de sus raíces.

Yo prometo al infierno un alma mortal.

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