El dolor no devuelve.
Arde
el cielo cuando bautiza lor rincones.
No tenías nunca la voz
de bautizar a la ceniza
porque como un nombre
el silencio te marcaba
sola.
Esconde, pellejo de bruma,
olfatea.
No han dejado hambre.
No han dejado restos de aceptar fantasmas.
Hay un cautivo en el miedo
que palpa el agua.
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