Jorge Luí que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a mí el reino de tu inteligencia, hágase tu sarcasmo así en mis neuronas como en mi lengua. El pan de tu palabra dámelo hoy y perdona si he leído a Piglia como te he perdonado algún verso cursi. No me dejes caer en la tentación de los lugares comunes y líbrame de ser boluda.
Así sea.

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