Un río me até. Cargué un grillete de sangre con extremos de desierto. Cada vez, la cárcel fue una ausencia, una cadena que esperaba, cuando se hiciera leve, se llevaría el desperdicio de mis huesos. Para dejar una huella más honda en la tierra, cargué con el peso de tu cuerpo de muerto.
Ahora, esa rama sangrante, por perdida, me devuelve con aire la boca, y la piel, de tan feliz, está desnuda: libre como un centro.
Buenisimo Hele. Segui asi que vas a llegar lejos. Un abrazo.
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